lunes, 11 de octubre de 2021

Una breve historia de la discriminación y el racismo. Entre sociedad y ciencia

 Cuando se definió el concepto de igualdad en Europa, si somos precisos, en la época de la Ilustración y la revolución Francesa, se combatía contra un tipo de discriminación, una discriminación que se hallaba entre la nobleza y el pueblo, a través de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en 1789.

Pero además en 1791 se escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía por Olympe de Gouge, que exigía para las mujeres los derechos de libertad e igualdad, y, Mary Wollstonecraft, en 1792, con sus Vindicaciones de los Derechos de las Mujeres que pugnaba, entre otros aspectos, una educación igualitaria para mujeres y hombres. Estas mujeres luchaban contra la discriminación hacía lo femenino.

Existen diversas maneras en que la discriminación se manifiesta. El racismo se ha cimentado en las diferencias sociales y económicas, y estas diferencias justifican los caracteres  de superioridad e inferioridad de un grupo frente a otro. El racismo se aprende desde el entorno social y se activa cuando se interactúa con individuos que tienen rasgos distintos al del otro, especialmente cuando hay una circunstancia o conflicto.

Aquí partimos del término bárbaro  que tiene su historia; desde los antiguos griegos hasta la época de los europeos del siglo XV, cuando éstos emprendieron las exploraciones y conquistas de ultramar.

Los españoles comparaban con sus parámetros europeos a los “indios” de América, en la vestimenta, en la religión, en la lengua, en la economía, y eran determinados como bárbaros  e ignorantes por los europeos dominantes.

El supuesto de los antiguos griegos de que el ambiente natural influye en las características de los seres vivos y cuyas ideas se pusieron de moda en la Edad Media, derivó a que los europeos distinguieran a los extranjeros de tierras exóticas, calurosas y húmedas como hombres salvajes. Es así como en la Edad Media se comenzó a tratar la diversidad humana dependiendo en la región donde se encontraba el hombre.

Incluso en el tiempo de las colonias españolas se advertía ridículamente que los españoles nacidos en esas tierras, tendrían paulatinamente una piel más oscura, sufrirían una degeneración en cuerpo y mente y se volverían bárbaros.

En el siglo XVIII el naturalista francés Leclerc propuso que la diversidad humana fue originada por una sola especie, que al multiplicarse por toda la tierra los humanos sufrieron cambios a consecuencia del ambiente natural, por el clima, por la comida, por la forma de vivir y por la mezcla de los individuos. A partir de aquella proposición la diversidad del hombre tendría una explicación como fenómeno natural.

La revolución Francesa intentó eliminar esa diferencia sobre la diversidad del hombre superando esa explicación natural. Pero en Europa resaltaría una visión de superioridad frente al resto del mundo, en los momentos en que se llevaron a cabo las exploraciones y las colonizaciones en África y Asia en el siglo XV.

La idea del progreso económico y el desarrollo marcó en Europa más esa diferencia organizando a los grupos sociales unos encima de otros. Para el siglo XIX tal idea tendría un sustento con la teoría de la Evolución de Darwin. Comenzando así un racismo científico y la justificación del colonialismo, de la supervivencia del más apto en la lucha por la vida.

O bien, que las razas inferiores debieran someterse a las razas superiores para alcanzar el progreso, tal como se afirmaba en las colonias españolas en relación al sometimiento de los indios.

Los prejuicios que surgieron de aquellas diferencias culturales y económicas entre las sociedades y las suposiciones científicas alimentaron entonces el racismo en las sociedades europeas.

En el siglo XVIII, el botánico Linneo no solamente clasificó la flora y fauna en una nomenclatura sino también a la humanidad, distinguiendo entre sí a los europeos, americanos, africanos, asiáticos; poniendo en primer lugar el color de piel y los rasgos de actitud y emocionales. Linneo dijo:

Del europeo… “es blanco, musculoso, de cabello rubio; es inventivo y se gobierna por leyes”. Del americano… “es de color pardo, colérico, de cabello negro recto y grueso, pinta su cuerpo con líneas rojas, es necio y se gobierno por usos”. Del africano… “es negro, flemático, de cabello crespo, es tramposo, perezoso, negligente y se gobierna por la voluntad arbitraria de su amo”.

 Y el anatomista alemán Blumenbach estableció el término caucásico para designar a los europeos como “la raza más bella” y diferenciándolos de sus rasgos físicos de los africanos, americanos y asiáticos. Estableciendo el color de la piel blanca como el color original y de la cual se “degeneraron” las demás.

En el siglo XIX el médico y antropólogo francés, Paul Broca, estableció la primera tabla cromática para fijar el color de piel, cabello y ojos como un instructivo para los europeos que se encontraban en los países lejanos y poder determinar la variabilidad del color de la piel blanca.

Broca's colour chart, appendix to Paul Broca, Instructions générales pour les recherches anthropologiques à faire sur le vivant (Paris, 1865).


Broca procedió a diferenciar los rasgos del rostro y la cabeza y el color de la piel de los europeos de las pieles más oscuras estableciendo entre ello un "inferioridad intelectual y social", encumbrando a la piel blanca una característica de los pueblos más “elevados”. Estos rasgos, definiría Broca, es lo que determina la raza. El término de raza por eso fue sellado entre los siglos XIX y XX separando a los grupos por blancos, amarillos, negros y cobrizos.

El criminólogo italiano Cesare Lombroso se basó en los esquemas evolutivos de la raza para explicar el comportamiento criminal de los humanos. Planteaba que los delincuentes europeos nacían criminales pues en ellos surgían rasgos de animales de épocas pasadas, y a las razas “inferiores” las consideraba en el mismo estatus evolutivo de los ancestros salvajes de los blancos.

En el siglo XX aparecieron ideas que promovían el “mejoramiento” de razas con base a la selección de rasgos, como la eugenesia, que tuvo fuerte impulso en Estados Unidos, y que en los años treinta se intentó en México ponerla en práctica mediante la expansión de grupos que no tuvieran sangre mestiza, indígena, china o negra, y, Alemania que diseñó leyes basadas en la eugenesia durante el régimen nazi.

Entre los años sesenta y setenta del siglo XX es el periodo en que más se manifiesta el racismo y es el periodo en que se establecen declaraciones contra ello: la Organización de las Naciones Unidas contra a los escenarios racistas y violentos y el apartheid en Sudáfrica; y, por otro lado, acuerdos locales importantes como la Ley de Derechos Civiles en Estados Unidos, instaurada antes del asesinato del predicador y ganador del Premio Nobel de la Paz, Martín Luther King, Jr., quien con sus movilizaciones logró aquel avance legal.

Hoy en día como establece la Organización de las Naciones Unidas, la discriminación racial es en la actualidad una cuestión de derechos humanos, por el que cada nación podría poner en marcha políticas de protección y representación de grupos y comunidades que son víctimas constantes de la discriminación racial.

 

Fuente: Carrillo, Cesar, el racismo en México, Santa Lucía, 2016.

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