La bomba A de Hiroshima estaba
formada por núcleos de uranio 235 liberando una inmensa cantidad de energía en
forma de calor y provocando el desplazamiento de masas de aire y una enorme contaminación
radioactiva. Su fuerza fue de 15 kilotones (15 mil toneladas de trinitrotolueno
(TNT)). La bomba de Nagasaki tuvo un núcleo más potente llevando plutonio 239,
con una fuerza de 20 kilotones.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial diversos países temieron rezagarse
frente al dominio de la energía atómica de Estados Unidos, así canalizaron sus
recursos para obtener sus propias bombas nucleares.
En 1949, Rusia ya tenía su bomba atómica. En 1952, Reino Unido realizó su primera prueba exitosa en la isla de Montebello, cerca de Australia. En 1960, Francia hizo lo mismo en Reggane en el Sahara Francés. Y en 1964, China en el desierto de Takla Maklan.
En enero de 1950, el físico Edward Teller (quien colaboró con Oppenheimer desde 1942 en los Álamos, Nuevo México) convenció al presidente Harry S. Truman, a través de la Comisión de Energía Atómica, la fabricación de una nueva bomba atómica, la bomba H, miles de veces más poderosa, pero “limpia” en cuanto a los efectos posteriores de la radiación. La bomba de hidrogeno libera su energía mediante la unión o fusión de núcleos ligeros de hidrógeno o deuterio, tritio y litio.
Para que se produzca la reacción de fusión se requiere la fisión (la separación de núcleos pesados) como detonador, en otras palabras, una explosión atómica. La cantidad de energía liberada es mucho mayor. Las pruebas estadounidenses y rusas llegaron entre los 20 y 50 megatones (1 megatón equivale a un millón de toneladas de TNT) en la década de los 50. Aunque la temperatura de la bomba H es mucho mayor, así también la onda expansiva, los efectos radioactivos son menos sorprendentes.
Estados Unidos realizó tres pruebas con la bomba H en el atolón de Bikini, Eniwetok, en el Pacifico Sur. El diámetro de la nube del hongo generado por la explosión fue de 190 kilómetros, y los primeros afectados fueron unos pescadores japoneses que se encontraban a 150 kilómetros. Esta prueba fue una amenaza a las frágiles relaciones internacionales después de la guerra.
Frente a esto la desconfianza entre amigos y enemigos aumentó la velocidad para la guerra armamentista, con la justificación de la seguridad. El 20 de agosto de 1955 Rusia declaró tener la bomba H, y el 16 de mayo de 1956, Reino Unido. El 17 de mayo de 1957, Reino Unido realizó la segunda prueba en la isla de Christmas, en la Polinesia, del Pacifico Sur.
En 1965, China ingresó a la carrera armamentista habiendo realizado pruebas con la bomba de fusión. Francia, bajo la presidencia de Charles de Gaulle, realizó pruebas en el atolón de Albión en 1966, pero no se obtuvieron resultados. Al año siguiente, los ingleses enviaron a William Cook, miembro de la Secretaría de Energía Atómica del Reino Unido, quien ayudó a los franceses a llegar a su meta en 1970.
Se calcula que en ese periodo Estados Unidos realizó 1030 pruebas nucleares; 715, Rusia; 204, Francia; 45, Reino Unido; y 41, China.
El 5 de agosto de 1963, en el contexto de la Guerra Fría, Estados Unidos, Rusia y Gran Bretaña firmaron un Tratado sobre Limitación de Pruebas Nucleares que prohibía el uso de armamento nuclear en el espacio, la tierra y bajo el agua.
El 27 de enero de 1967, se firmo otro que prevenía la instalación de este tipo de armamento en órbita alrededor de la Tierra, satélites, la luna o cualquier otro cuerpo celeste.
En julio de 1968, estos países y otros firmaron el Tratado de No Proliferación Nuclear en el que se acordó no dar armamento nuclear a naciones que no tuvieran bombas nucleares. Este tratado se extendió hasta el 11 de mayo de 1995.
En los acuerdos sobre Limitación de Armas Estratégicas (SALT), en 26 de mayo de 1972, el Tratado sobre Misiles Antibalísticos limitó el número de misiles de defensa que podía tener cada país, de 100 a 2, y para 1974 a 1.
El 18 de junio de 1979, se firmó en Viena el SALT II, el cual limitaba el número de armas ofensivas de Estados Unidos y Rusia, a 2400 misiles por país, a 1320 misiles intercontinentales y a 1320 misiles submarinos, para enero de 1985. Sin embargo, este tratado no fue ratificado por el senado de Estados Unidos, pues en ese momento ocurría la invasión rusa a Afganistán.
El 8 de diciembre de 1987, Mijail Gorbachov y Ronald Reagan firmaron en Washington el Tratado sobre las Fuerzas Nucleares de Mediano Alcance comprometiéndose a retirar todos sus misiles de mediano y corto alcance situados en Europa y Asia. El tratado fue ratificado por el senado de Estados Unidos en mayo de 1988.
El 31 de julio de 1991, el Tratado Estratégico de Reducción de Armamento (START 1) en Moscú, Mijail Gorbachov y George Bush, estableció una reducción del 30 % del armamento en tres etapas durante siete años; aunque se ampliaría el plazo, y el senado ratificaría el tratado hasta octubre de 1992, frente a la caída del bloque socialista. La URSS se desmembró en cuatro republicas: Rusia, Ucrania, Kazajstán y Bielorrusia, todas con misiles en su territorio. Las tres últimas decidieron trasladar sus armas a Rusia y ratificar el START 1. Pero Rusia no decidió ratificarlo hasta que los tres países también ratificaran el Tratado de no Proliferación Nuclear. Bielorrusia y Ucrania accedieron hasta 1993 y Ucrania hasta 1994.
Ante el asombro del mundo, 17 de agosto de 1995, Irak reveló a la ONU su extenso programa de armas nucleares y bacteriológicas, frente a la presión de las tropas estadounidenses en la región en el contexto de la Guerra del Golfo Pérsico.
El 1 de junio de 1996, Leonid Kuchma, presidente de Ucrania, anunció en la base de misiles de Pervomaisk que había trasladado las últimas armas, a cambio de lo cual recibió de Rusia mil millones de dólares en petróleo y combustible nuclear para cinco plantas eléctricas. Bielorrusia, para 1996, aún no había terminado de trasladar las suyas.
El START II se firmó en Moscú el 3 de enero de 1993, el tratado más importante de desarme en la historia de la bomba. Estados Unidos y Rusia se comprometieron a desmantelar en una década un tercio de sus misiles de largo alcance y eliminar el 100 % de las bases terrestres de misiles de múltiples cabezas. En 1996 el tratado sería ratificado por Estados Unidos, sin embargo, Rusia no lo ratificaría frente a las acciones de Estados Unidos en Irak y Kosovo a través de la OTAN. Este tratado sería sustituido por el Tratado de Reducciones de Ofensivas Estratégicas (SORT) del 2002 que estableció el compromiso de reducir las ojivas nucleares a 2200 cada país.
El 10 de agosto de 1995, a pocos días de la conmemoración del bombardeó en Japón en la Segunda Guerra Mundial, el presidente de Francia, Frances Chirac, declaró que su país estaba de acuerdo con la prohibición de nuevas pruebas nucleares, pero que la respaldaríá después de haber terminado con las suyas. En septiembre de ese año, Francia anunció una explosión nuclear en el atolón de Mururoa, en el Pacifico Sur, la cual sería la primera de las ocho pruebas nucleares con bombas H.
Las protestas no se hicieron esperar tanto al interior y al exterior de Francia, como Haití que se vio amenazada por el desarrollo de pruebas, dado que la Polinesia estaba siendo usada como laboratorio de pruebas nucleares por los países ya mencionados después de la Segunda Guerra Mundial. La presión fue tal que en enero de 1996 Francia dio por terminadas las acciones nucleares después de haber finalizado las ocho pruebas.
El 12 de junio de 1996, se daba a conocer que China había mantenido en secreto pruebas nucleares con bombas H en la región del estrecho de Taiwán. En señal de protesta, un barco de Greenpeace ingresó a las aguas territoriales de China y permaneció por algunas horas en el estuario del río Yang-tzé, exigiendo al gobierno chino la suspensión de las pruebas nucleares. El barco fue abordado por la armada china y escoltado para abandonar el territorio del país.
Greenpeace contraatacó pidiendo al mundo que enviaran cartas al gobierno chino para presionarlo. El movimiento logró su cometido, pues a China no le convenía rechazar esa opinión en un momento en que sus acciones sobre Taiwán estaban siendo observadas por los países occidentales y en el que su apertura política y económica le favorecía notablemente como un ejemplo de modernidad en el mundo, pues estaba celebrándose en Beijing la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, en septiembre de 1996.
Fuente:
García, H., La bomba y sus hombres, ADN, 2003.

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