domingo, 1 de mayo de 2022

China después de Mao

 


Para 1976 se sabe que el líder Mao está enfermo y que sus apariciones en público son cada vez más raras, y el 9 de septiembre de ese año el líder fallece. En la plaza de Tiananmen se levantó un mausoleo para que el pueblo venere el cuerpo embalsamado del fundador de la nueva China.

Mao muere diez años después de haber organizado la gran Revolución cultural proletaria. Manipulando a unos y otros, lanzando a los estudiantes contra los cuadros del partido comunista, al ejército contra la guardia roja, provocando la muerte y humillación pública de miles de hombres y mujeres y enfrentamientos civiles en las grandes ciudades.

El fallecimiento de Mao inicia la batalla de la sucesión. El nuevo hombre fuerte del partido, Hua Goufeng, ordena el arresto de cuatro altos dirigentes del Partido Comunista conocidos como la banda de los Cuatro, encabezada por la viuda de Mao, Jiang Qing.

Las intrigas y maniobras que siguen a la caída a finales de 1978 de la banda de los Cuatro, acaban otorgando el poder a Deng Xiaoping, con el apoyo de ejército.   

Se acabaron los encantamientos del Libro Rojo de Mao y las multitudinarias manifestaciones consagradas a Mao. China tenía que ubicarse en el nuevo concierto internacional.

El gobierno de Xiaoping resucita el lema de 1964 de las cuatro modernizaciones, el ámbito industrial, de la agricultura, de la ciencia, y la técnica y la defensa. Para lograrlo era preciso otorgar autonomía a las regiones en el terreno de la política económica, instaurar un control de natalidad cada vez más represivo y abrirse al mundo.

En enero de 1979, Xiaoping visita oficialmente Estados Unidos y consigue que miles de estudiantes chinos vayan a perfeccionar su formación. Xiaoping comienza a convertir a los chinos a la modernidad e insta a los padres a que dejen a sus hijos estudiar.

Si bien se cuestionaba el papel de Mao, era impensable criticar el papel preeminente del partido y de sus dirigentes. Muchos comprendieron que una vez aceptados los ritos y las sumisiones formales había llegado la hora de sentar las bases de un impulso económico que a largo plazo permitiría a China a jugar en igualdad de condiciones con Japón y Occidente.

Con la liberación de la agricultura, la producción de cereales pasó de 280 a 400 millones de toneladas entre 1978 y 1984. Esta liberación permitió al pequeño propietario vender su producción a los mercados y el aumento de la industria de un 56% entre 1978 y 1982.




Fuente:

Pierre, M., 1970-1980, años de crisis y democracia, Claves.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario