Para
1976 se sabe que el líder Mao está enfermo y que sus apariciones en público son
cada vez más raras, y el 9 de septiembre de ese año el líder fallece. En la
plaza de Tiananmen se levantó un mausoleo para que el pueblo venere el cuerpo
embalsamado del fundador de la nueva China.
Mao
muere diez años después de haber organizado la gran Revolución cultural proletaria.
Manipulando a unos y otros, lanzando a los estudiantes contra los cuadros del
partido comunista, al ejército contra la guardia roja, provocando la muerte y
humillación pública de miles de hombres y mujeres y enfrentamientos civiles en
las grandes ciudades.
El
fallecimiento de Mao inicia la batalla de la sucesión. El nuevo hombre fuerte
del partido, Hua Goufeng, ordena el arresto de cuatro altos dirigentes del
Partido Comunista conocidos como la banda de los Cuatro, encabezada por la
viuda de Mao, Jiang Qing.
Las
intrigas y maniobras que siguen a la caída a finales de 1978 de la banda de los
Cuatro, acaban otorgando el poder a Deng Xiaoping, con el apoyo de ejército.
Se
acabaron los encantamientos del Libro Rojo de Mao y las multitudinarias manifestaciones
consagradas a Mao. China tenía que ubicarse en el nuevo concierto internacional.
El
gobierno de Xiaoping resucita el lema de 1964 de las cuatro modernizaciones, el
ámbito industrial, de la agricultura, de la ciencia, y la técnica y la defensa.
Para lograrlo era preciso otorgar autonomía a las regiones en el terreno de la
política económica, instaurar un control de natalidad cada vez más represivo y
abrirse al mundo.
En
enero de 1979, Xiaoping visita oficialmente Estados Unidos y consigue que miles
de estudiantes chinos vayan a perfeccionar su formación. Xiaoping comienza a
convertir a los chinos a la modernidad e insta a los padres a que dejen a sus
hijos estudiar.
Si
bien se cuestionaba el papel de Mao, era impensable criticar el papel preeminente
del partido y de sus dirigentes. Muchos comprendieron que una vez aceptados los
ritos y las sumisiones formales había llegado la hora de sentar las bases de un
impulso económico que a largo plazo permitiría a China a jugar en igualdad de
condiciones con Japón y Occidente.
Con
la liberación de la agricultura, la producción de cereales pasó de 280 a 400
millones de toneladas entre 1978 y 1984. Esta liberación permitió al pequeño
propietario vender su producción a los mercados y el aumento de la industria de
un 56% entre 1978 y 1982.
Fuente:
Pierre, M., 1970-1980, años de crisis y democracia, Claves.

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