El
ambiente de paz que se vivió en Europa durante el siglo XIX provocó cambios de
gran importancia. La población creció más del doble, pasando de 205 millones de
habitantes en 1800 a 414 millones en 1900, sin contar los 38 millones que
emigraron a otras partes del mundo.
La
economía creció, pero para la gente de la época, las comunicaciones resultaban
más visibles que las tasas de crecimiento anual; en 1800 los adinerados
viajaban en carruajes mientras que los pobres iban a pie. En 1900 los ricos viajaban
en ferrocarriles de primera clase o en sus propios automóviles, mientras que
los pobres utilizaban el ferrocarril en tercera clase o se desplazaban en ómnibus,
tranvía o metro.
Lo
mensajes comenzaron a viajar más rápido gracias al teléfono y al telégrafo, y la
imprenta y el nacimiento de las fábricas de papel permitieron que libros, periódicos
y revistas llegaran a grandes poblaciones.
Tres
grandes teorías científicas aparecieron en el siglo XIX: la conservación de la
materia, la conservación de la energía y el evolucionismo. Las ciencias del
siglo XVII y XVIII se fragmentaron en distintas visiones para influir en el
siglo XIX.
A
pesar que varios científicos como Darwin, Pasteur y Mendel conservaron sus
convicciones religiosas, la mirada científica se convirtió en una enemiga de la
religión.
Los
cambios del planeta dejaron de explicarse a causa de catástrofes similares al diluvio
universal que narra la Biblia, para dar paso a las teorías de la geología.
El
hombre dejó de ser una criatura distinta de los animales y perdió su divinidad
a consecuencia de las ideas evolutivas.
Saint-Simón
y Augusto Comte llegaron a proponer que la ciencia se transformaría en la nueva
religión y el progreso humano como una ruta hacía la ciencia y la técnica.
La
ciencia se institucionalizó pasando a ser una actividad valorada por la sociedad,
por los gobiernos y los industriales. Se convertiría en una práctica necesaria para
el bienestar y poder de las naciones.
Los
gobiernos, las universidades y los empresarios comenzaron a apoyar económicamente
a los científicos, en la búsqueda de tecnologías para dominar y transformar a
la naturaleza.
Los
apoyos políticos y económicos que recibieron los científicos durante este siglo
podrían explicar los desarrollos, descubrimientos y propuestas. Sobre todo, a
favor de una industria ansiosa por novedades, procesos y máquinas dedicas a
ampliar las riquezas.
La
ciencia se transformaría en un bien para la sociedad; conocimientos que se
ofrecerían a todos los habitantes de una nación; por ello fue el desarrollo de
museos, universidades y la expansión de publicaciones científicas.
El
24 de noviembre de 1856, en Inglaterra comenzó a venderse el Origen de las
Especies, de Darwin; el libro fue un rotundo éxito al grado que la primera
edición se agotó en el mismo día de su publicación, cuya obra revolucionaría la
biología de aquel siglo.
Los
lectores recibieron el libro no como un descubrimiento sino como una confirmación
de ideas ya aceptadas. Las personas medianamente cultas sabían que la Tierra
era mucho más vieja de lo que suponían los intérpretes de la Biblia, asimismo, se
tenía la certeza de que las plantas y los animales no habían sido los mismos
desde el principio de los tiempos.
Darwin
únicamente añadió un nuevo elemento que explicaba el mecanismo mediante el cual
se producían los cambios en los seres vivos, la selección natural.
El
darwinismo se convirtió en uno de los programas más productivos de la época, al
grado que integró los descubrimientos y las intuiciones que se realizaban en la
biología como las propuestas de Mendel sobre la herencia.
Al
situar Darwin al ser humano en el proceso evolucionista, ponía en duda el
derecho de la humanidad a reclamar para sí un lugar único y exclusivo dentro de
la creación, haciéndonos hermanos en el dolor, la enfermedad y la muerte con
otros animales. Darwin no refutó la existencia de Dios, pero ofreció una visión
del Universo en el que Dios no encajaba. El darwinismo influiría también en la reflexión
sobre el desarrollo de las sociedades entre el siglo XIX y el siguiente.
Jean
Baptiste Lamarck postuló ideas evolucionistas y cambios en las especies; para
Lamarck los cambios en las especies eran resultado de dos factores, la tendencia
natural del mundo orgánico hacía una complejidad cada vez mayor y la influencia
del entorno. Por ejemplo, Lamarck sostenía que el largo cuello de las jirafas
se debía al uso que estas le daban.
Lamarck
afirmaba que la vida no fue creada por obra de un ser divino y que las plantas
y animales no habían permanecido iguales. Defendía que la naturaleza había
creado individuos simples que a lo largo de millones de años fueron modificándose
y diferenciándose hasta surgir los cientos de miles de especies, y que esa
evolución tiende a ir de los organismos más simples a los más complejos.
Alfred
Russel Wallace fue el primer europeo que estudió a los simios en libertad y
realizó trabajos de historia natural. Llegó a la misma idea que Darwin sobre la
selección natural. Darwin quedó anonadado por la detallada similitud entre sus
trabajos, pero Darwin presentó toda su obra conjunta de mayores dimensiones, Origen
de las especies. Wallace se vio eclipsado.
John
Dalton estableció que todos los cuerpos están constituidos por partículas de
dimensiones muy reducidas, llamadas átomos, de diferentes pesos que
determinaban su identidad, idea de la que dedujo para la química la ley de las
proporciones múltiples con lo que inauguró la era del atomismo moderno.
Georges
Cuvier fundó la paleontología de los vertebrados y se opuso a las ideas
evolutivas. Él postulaba que las modificaciones en el mundo orgánico y en el
planeta eran resultado de una serie de catástrofes sucesivas, por lo cual sus
ideas se conocieron como catastrofismo.
A
diferencia de Cuvier, Charles Lyell, el más famoso explorador de su tiempo, el
creador del principio de uniformatirismo y padre de la geología, sostuvo que
las rocas y las formaciones terrestres no eran resultado de catástrofes, sino
de una serie de procesos ordinarios que ocurren de manera constante y
paulatina. Estableció la ley de suposición de los estratos para
determinar la edad relativa de las rocas, en su composición mineral y fósil.
Alexander
von Humboldt fue viajero y naturalista, estudioso de la economía y la sociedad,
creador de una de las obras científicas más ambiciosas de su época, Cosmos.
Una descripción del mundo natural desde la geología, la botánica, la biología, la
química y la astronomía.
Michael
Faraday introdujo las nociones de líneas de fuerza eléctrica o campo eléctrico,
que en su momento se convirtieron en los fundamentos de la teoría
electromagnética de Maxwell.
Las
innovaciones de James Clerk Maxwell sobre el desplazamiento eléctrico, el
magnetismo y los gases permitieron diseñar su teoría y que daría paso a la producción
de las ondas de radio e iniciaron el conocimiento actual de la luz y la
materia.
Los
trabajos de Louis Pasteur no se limitaron a la destrucción de las ideas de la
generación espontánea, sino que creó la vacuna antirrábica y creó el sistema
que se emplea para garantizar la salubridad de la leche. Siendo Pasteur uno de
los mayores benefactores de la humanidad.
Los
estudios botánicos de Gregor Mendel le permitieron descubrir las primeras leyes
de la herencia, las cuales influirían en el actual desciframiento del genoma humano.
Fuente:
Trueba,
J. La ciencia del siglo XIX a Einstein, Santillana.

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