domingo, 1 de mayo de 2022

La ciencia del siglo XIX



El ambiente de paz que se vivió en Europa durante el siglo XIX provocó cambios de gran importancia. La población creció más del doble, pasando de 205 millones de habitantes en 1800 a 414 millones en 1900, sin contar los 38 millones que emigraron a otras partes del mundo.

La economía creció, pero para la gente de la época, las comunicaciones resultaban más visibles que las tasas de crecimiento anual; en 1800 los adinerados viajaban en carruajes mientras que los pobres iban a pie. En 1900 los ricos viajaban en ferrocarriles de primera clase o en sus propios automóviles, mientras que los pobres utilizaban el ferrocarril en tercera clase o se desplazaban en ómnibus, tranvía o metro.

Lo mensajes comenzaron a viajar más rápido gracias al teléfono y al telégrafo, y la imprenta y el nacimiento de las fábricas de papel permitieron que libros, periódicos y revistas llegaran a grandes poblaciones.

Tres grandes teorías científicas aparecieron en el siglo XIX: la conservación de la materia, la conservación de la energía y el evolucionismo. Las ciencias del siglo XVII y XVIII se fragmentaron en distintas visiones para influir en el siglo XIX.

A pesar que varios científicos como Darwin, Pasteur y Mendel conservaron sus convicciones religiosas, la mirada científica se convirtió en una enemiga de la religión.

Los cambios del planeta dejaron de explicarse a causa de catástrofes similares al diluvio universal que narra la Biblia, para dar paso a las teorías de la geología.

El hombre dejó de ser una criatura distinta de los animales y perdió su divinidad a consecuencia de las ideas evolutivas.    

Saint-Simón y Augusto Comte llegaron a proponer que la ciencia se transformaría en la nueva religión y el progreso humano como una ruta hacía la ciencia y la técnica.

La ciencia se institucionalizó pasando a ser una actividad valorada por la sociedad, por los gobiernos y los industriales. Se convertiría en una práctica necesaria para el bienestar y poder de las naciones.

Los gobiernos, las universidades y los empresarios comenzaron a apoyar económicamente a los científicos, en la búsqueda de tecnologías para dominar y transformar a la naturaleza.

Los apoyos políticos y económicos que recibieron los científicos durante este siglo podrían explicar los desarrollos, descubrimientos y propuestas. Sobre todo, a favor de una industria ansiosa por novedades, procesos y máquinas dedicas a ampliar las riquezas.

La ciencia se transformaría en un bien para la sociedad; conocimientos que se ofrecerían a todos los habitantes de una nación; por ello fue el desarrollo de museos, universidades y la expansión de publicaciones científicas.

El 24 de noviembre de 1856, en Inglaterra comenzó a venderse el Origen de las Especies, de Darwin; el libro fue un rotundo éxito al grado que la primera edición se agotó en el mismo día de su publicación, cuya obra revolucionaría la biología de aquel siglo.

Los lectores recibieron el libro no como un descubrimiento sino como una confirmación de ideas ya aceptadas. Las personas medianamente cultas sabían que la Tierra era mucho más vieja de lo que suponían los intérpretes de la Biblia, asimismo, se tenía la certeza de que las plantas y los animales no habían sido los mismos desde el principio de los tiempos.

Darwin únicamente añadió un nuevo elemento que explicaba el mecanismo mediante el cual se producían los cambios en los seres vivos, la selección natural.

El darwinismo se convirtió en uno de los programas más productivos de la época, al grado que integró los descubrimientos y las intuiciones que se realizaban en la biología como las propuestas de Mendel sobre la herencia.

Al situar Darwin al ser humano en el proceso evolucionista, ponía en duda el derecho de la humanidad a reclamar para sí un lugar único y exclusivo dentro de la creación, haciéndonos hermanos en el dolor, la enfermedad y la muerte con otros animales. Darwin no refutó la existencia de Dios, pero ofreció una visión del Universo en el que Dios no encajaba.  El darwinismo influiría también en la reflexión sobre el desarrollo de las sociedades entre el siglo XIX y el siguiente.

Jean Baptiste Lamarck postuló ideas evolucionistas y cambios en las especies; para Lamarck los cambios en las especies eran resultado de dos factores, la tendencia natural del mundo orgánico hacía una complejidad cada vez mayor y la influencia del entorno. Por ejemplo, Lamarck sostenía que el largo cuello de las jirafas se debía al uso que estas le daban.

Lamarck afirmaba que la vida no fue creada por obra de un ser divino y que las plantas y animales no habían permanecido iguales. Defendía que la naturaleza había creado individuos simples que a lo largo de millones de años fueron modificándose y diferenciándose hasta surgir los cientos de miles de especies, y que esa evolución tiende a ir de los organismos más simples a los más complejos.

Alfred Russel Wallace fue el primer europeo que estudió a los simios en libertad y realizó trabajos de historia natural. Llegó a la misma idea que Darwin sobre la selección natural. Darwin quedó anonadado por la detallada similitud entre sus trabajos, pero Darwin presentó toda su obra conjunta de mayores dimensiones, Origen de las especies. Wallace se vio eclipsado.

John Dalton estableció que todos los cuerpos están constituidos por partículas de dimensiones muy reducidas, llamadas átomos, de diferentes pesos que determinaban su identidad, idea de la que dedujo para la química la ley de las proporciones múltiples con lo que inauguró la era del atomismo moderno.

Georges Cuvier fundó la paleontología de los vertebrados y se opuso a las ideas evolutivas. Él postulaba que las modificaciones en el mundo orgánico y en el planeta eran resultado de una serie de catástrofes sucesivas, por lo cual sus ideas se conocieron como catastrofismo.

A diferencia de Cuvier, Charles Lyell, el más famoso explorador de su tiempo, el creador del principio de uniformatirismo y padre de la geología, sostuvo que las rocas y las formaciones terrestres no eran resultado de catástrofes, sino de una serie de procesos ordinarios que ocurren de manera constante y paulatina. Estableció la ley de suposición de los estratos para determinar la edad relativa de las rocas, en su composición mineral y fósil.

Alexander von Humboldt fue viajero y naturalista, estudioso de la economía y la sociedad, creador de una de las obras científicas más ambiciosas de su época, Cosmos. Una descripción del mundo natural desde la geología, la botánica, la biología, la química y la astronomía.

Michael Faraday introdujo las nociones de líneas de fuerza eléctrica o campo eléctrico, que en su momento se convirtieron en los fundamentos de la teoría electromagnética de Maxwell.

Las innovaciones de James Clerk Maxwell sobre el desplazamiento eléctrico, el magnetismo y los gases permitieron diseñar su teoría y que daría paso a la producción de las ondas de radio e iniciaron el conocimiento actual de la luz y la materia.

Los trabajos de Louis Pasteur no se limitaron a la destrucción de las ideas de la generación espontánea, sino que creó la vacuna antirrábica y creó el sistema que se emplea para garantizar la salubridad de la leche. Siendo Pasteur uno de los mayores benefactores de la humanidad.

Los estudios botánicos de Gregor Mendel le permitieron descubrir las primeras leyes de la herencia, las cuales influirían en el actual desciframiento del genoma humano.

 

 

 


 

Fuente:

Trueba, J. La ciencia del siglo XIX a Einstein, Santillana.

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