miércoles, 25 de mayo de 2022

La navegación antigua y medieval


Los primeros hombres no se arriesgaron lejos de las costas y solo tenían a su disposición un tronco cavado o tablas aparejadas y una vara de impulso. Hasta que los primeros navegantes fueron perdiendo el miedo recurrieron a la vela, al timón y a los remos.

Los asiáticos fueron los primeros navegantes. Sus embarcaciones llegaron a Egipto y Europa y enseñaron la náutica a más pueblos.

Los egipcios (1500 a.C.) tenían una nave de 30 a 35 metros de largo, de vela cuadrada y con 60 remeros. Un espolón de hierro a proa convertía a la galera en un buque de combate, capaz de deshacer en una embestida a su contrario. Las flotas egipcias llegaron hasta las indias orientales.

Los fenicios, para el siglo XII a.C., ya tenían relaciones comerciales con Oriente a través del Mar Rojo. Después sus flotas llegarían al Mar Báltico.

Los griegos prefirieron el remo a la vela; en vez de una sola fila de remeros, las galeras superpusieron dos, tres y hasta nueve bancos de remeros. La galera unirreme (un banco) se convirtió en birreme, trirreme y noverreme. Las galeras griegas combatían en hileras. En Salamina (480 a.C.) batieron a los persas y en la batalla de Cumes (474 a.C.) los griegos arrojaron a los cartagineses del Mar Tirreno.

Los romanos y los cartagineses perfeccionaron sus galeras durante más de un siglo de lucha (guerras Púnicas), las naves eran más grandes, mejor equipadas y defendidas y más adornadas. Vencida Cartago, la supremacía naval quedó en manos de los romanos, hasta su caída ante el empuje de los bárbaros.

Los ribereños del Mediterráneo fueron audaces marinos; Julio Cesar en sus Comentarios elogió a los marinos galos, y Asdrúbal y Amílcar Barca tuvieron por aliados la parte de mar de los Baleares y del Levante de la Iberia.

Al constituirse el condado de Barcelona se incrementó la marina catalana, en tanto que los pescadores cántabros se arriesgaban en la pesca de la ballena y los marinos andaluces hacían desembarcos en las costas africanas. Al inicio de la Edad Media, la marina española era ya conocida en los mares del norte por sus recaladas en los puertos de Francia, Inglaterra y Alemania.

El desarrollo de la marina en la Edad Media fue lento. Los normandos (vikingos) eran los más atrevidos navegantes de ese tiempo. Venidos del norte en barcos en forma de dragones o serpientes asaltaron las costas de Inglaterra y Francia.

En el año 845 los vikingos remontaron el Sena con 120 navíos, en el 886 sitiaron París y en el 911, el líder Rollon se estableció definitivamente en lo que hoy es Normandía y dio impulso a la navegación marítima entre los siglos X y XI.

En el siglo XII, las repúblicas de Génova, Venecia y Pisa se disputaron el dominio del Mediterráneo. En la primera Cruzada, Génova armó 28 grandes galeras y 6 bajeles, en tanto que Pisa equipo 120 velas. Cuando San Luis, rey de Francia, partió para la Guerra Santa recurrió a los genoveses y a los pisanos, y en 1267 les compró la flota, de la que fue almirante Florent de Varennes.

A finales del XIV, Venecia llegó a su apogeo naval; contó con 45 galeras, tripuladas por 11 mil hombres. Hacía la misma época, Génova tenía 36 mil marinos, y su flota contaba de 2 mil 900 naves, de las que 300 eran grandes galeras. Mientras que la marina catalana rivalizaba con la italiana.

Con la invención de la pólvora el armamento y los buques de guerra cambiaron; la necesidad de proteger la artillería obligó a construir los alcázares de proa y popa, y para 1410 se abrieron troneras en los flancos de las embarcaciones para disparar desde adentro.

El unirreme subsistió por mucho tiempo en el Mediterráneo y hasta el siglo XVII la galera constituyó la base de casi todas las fuerzas marítimas. Quedaron los remos como medio de propulsión; 20 remos, manejados cada uno por cuatro o seis hombres, podían dar a la nave una velocidad de ocho kilómetros por hora, seis en la segunda y cinco en las demás. Los galeotes, que hacían de remeros, se fatigaban pronto.

La violencia del mar obligó a la construcción de navíos más altos. Por entonces Cristóbal Colon se sirvió de tres carabelas de unas 280 toneladas cada una. Estas tres naves llevaban tres palos y eran similares a las galeazas que empleaban los venecianos en el siglo XVI.

 

 

 


 

 

Fuente:

Colección Chilam Balam – Museo Cultura Maya, México

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