domingo, 15 de mayo de 2022

Los siete del Proyecto Mercury

 


Donald Slayton, Alan Shepard, Walter Schirra, Virgil Grissom, John Glenn, Leroy Cooper y Malcolm Carpenter eran los astronautas del proyecto Mercury, se esperaba que uno de ellos fuera el pimer hombre en salir de la Tierra y regresara sano y salvo.

Los siete eran pilotos de pruebas militares; tres de la Fuerza Aérea, tres de la Armada y uno de la Infantería de Marina. Menores de cuarenta años y con un peso de por lo menos 81.5 kilogramos con el peso justo para el vehículo que pretendía lanzarlos al espacio.

El proceso de encontrarlos comenzó con 508 pilotos de pruebas militares, que el Grupo de Trabajo del Espacio, de la base Langley, Virginia, redujo a 110, que de los primeros 69 llamados para entrevistas, 32 se ofrecieron de voluntarios.

De Langley, fueron llevados a Albuquerque, Nuevo México, para una semana de pruebas rigurosas. Se realizó la cartografía de sus cuerpos por dentro y por fuera en distintos procedimientos de laboratorio.

Un candidato fue eliminado y los 31 restantes se enviaron al laboratorio Aeromédico de la Fuerza Aérea Wright Patterson, Ohio, para comprobar que eran los hombres adecuados para la NASA. Se les sometió a grados crecientes de calor, presión, agua helada, ruido, vibración, aceleración y cambios bruscos desorientadores sobre balancines. Corrieron sobre andadores de banda sin fín e inflaron globos hasta que sus pulmones protestaron. Además de pasar días con psicólogos.

18 salieron de las pruebas exitosamente y el Grupo de Trabajo del Espacio seleccionó a siete de ellos porque parecía llevarse bien entre sí; entonces, se les llevó a Washington a una conferencia de prensa, el 9 de abril de 1959. A un año después de la hazaña de la Unión Soviética con el lanzamiento del Sputnik I.

Los lanzamientos de los Sputniks I, II y III y la opinión pública precipitaron la idea de lanzar al hombre al espacio; el presidente Eisenhower transformó la NACA (National Advisory Committee for Aeronautics) en la NASA a la cual se otorgarían poder y fondos para concentrar esfuerzos y servirse de las instalaciones de otros programas espaciales. Para ese entonces los científicos e ingenieros de la NACA que se trasladaron a la NASA ya trabajaban con técnicas para enviar un hombre a la Luna y traerlo de vuelta.

La cuestión importante era la nave espacial; el astronauta que volviera del espacio requería protección contra los 1648°C de calor que se generarían cuando el vehículo ingresara a la atmosfera. El invento del ingeniero Maxime Faget era una capsula en forma de embudo, que al despegue se asentaría en la punta del cohete. Una vez libre de la sección propulsora y en órbita se daría vuelta y volaría con el extremo ancho hacía abajo por delante. Ese extremo estaría cubierto con un escudo material resinoso diseñado para quemarse con el calor del reingreso; su desintegración progresiva protegería al resto de la cápsula y a su pasajero del calor; y ya en la Tierra dejar caer la cápsula en paracaídas los últimos 6405 metros y descender al océano con una bolsa de aire para amortiguar el impacto.

Mientras los ingenieros analizaban la confiabilidad de los sistemas, los astronautas se presentaban en la NASA para lo que iban a ser dos años de preparación intensiva. No se sabía con exactitud qué tareas arrastraría el cuerpo y la mente en el ambiente del espacio. Los astronautas subían a una centrífuga llamada la Rueda que los hacía girar vertiginosamente en círculos hasta que las fuerzas G les exprimían los músculos y huesos con una gravedad 16 veces mayor de lo normal, para que se acostumbraran a las presiones que sentirían cuando arrancaran de la plataforma de lanzamiento y cuando se hundieran en la atmósfera de regreso.

Sudaron en cámaras caloríficas hasta que los médicos supieron que estos hombres podían soportar 57°C hasta por dos horas. Montaron en la MASTIF (Multi-Axis Space Test Inertia Facilityque simultáneamente giraba, oscilaba y daba vueltas de campana a ritmos de 30 revoluciones por minuto. La idea era descubrir con qué rapidez podían recobrar el control si su vehículo empezaba a girar en el espacio. Cuando los astronautas pasaban por los MASTIF y botaban y rebotaban por la Rueda, pasaban tensiones mayores que las que se esperaba que sufrirían en las misiones reales.

Los científicos de la NASA se preocupaban por los efectos de la ausencia de peso en órbita y hacían lo que podían para preparar a los astronautas; los hombres fueron llevados a la base de la Fuerza Aérea en el desierto de California, a pilotear aviones cazas a reacción en los que volaban en arcos parabólicos a alta velocidad; en la cima de esos arcos adquirían peso pluma por espacio de unos segundos. Después fueron adiestrados en reactores de transporte más grandes, en los que podían flotar dentro de una cabina acojinada a gravedad cero durante 35 segundos.

Pero los primeros en ir al espacio fueron los chimpancés Ham, el 31 de enero de 1961, y Enos, que diez meses después volaría en órbita. Todo ese esfuerzo iba dirigido a una meta más grande, poner a un ser humano en el espacio y mantenerlo vivo más allá de la atmosfera terrestre. Sus trajes espaciales deberían transformar en miniambientes independientes en caso de emergencia; un traje de caucho y nailon aluminizado, con un casco de fibra de vidrio con visor de acrílico. Los trajes se probaron en situaciones que iban de la ausencia de peso a la inmersión submarina.

El 21 de febrero de 1961, la NASA anunció que uno de los tres hombres, Glenn, Grissom o Shepard, sería el primer hombre norteamericano en el espacio. Pero el 12 de abril de ese año, los soviéticos de nuevo se adelantaron, el mayor Yuri Alekseyevich Gagarin fue lanzado al espacio y dio la vuelta completa a la Tierra.

El 5 de mayo de 1961, en Cabo Cañaveral, el capitán Alan Shepard, yacía en la parte superior del cohete Redstone, de 18 metros de altura. Después de un minuto del despeje el viaje del Redstone se puso brusco y parecía estar a punto de estallar. Pero a los tres minutos de vuelo, la cápsula Libertad 7 estaba libre del impulsor. Al regresar a la Tierra, Shepard no mostró haber sufrido algún mal efecto; funcionó normalmente en el espacio en los cinco minutos de ausencia.

Los interrogatorios a Shepard condujeron a cambios del sistema de control de la cápsula y en el traje de presión, todo listo a tiempo para el segundo vuelo que haría el capitán Virgil Grissom, el 21 de julio de 1961.

Se esperaba que una tercera órbita opacara la vuelta al mundo de Gagarin, pero el 6 de agosto de ese año German Titov fue al espacio y se mantuvo ahí por 25 horas y 18 minutos; 17 órbitas alrededor de la Tierra. Más difícil fue para la NASA anunciar el primer intento de poner en órbita a un norteamericano se aplazaría hasta 1962.

20 días después del lanzamiento de Shepard, el presidente Kennedy declaró que Estados Unidos enviaría al hombre a la Luna en el transcurso de esa década. El éxito del programa Mercury parecía impulsar a la nación hacía tal objetivo.

El 20 de febrero de 1962, el coronel John Glenn despegaría a bordo de Amistad 7 con el cohete Atlas. Casi a las 10 de la mañana, el primer estadounidense ya se encontraba en órbita.

El capitán Donald Slayton, quien debía hacer el cuarto vuelo, los médicos anunciaron que tenía una irregularidad en el ritmo cardíaco, lo que canceló la misión. Poco tiempo después se le nombró coordinador de actividades de los astronautas.

Al teniente Malcolm Carpenter a bordo del Aurora 7 le correspondió el siguiente vuelo, y por problemas de control de vuelo y exceso de consumo de combustible por maniobras entre el control manual y el automático bajó al océano, pero a 402 kilómetros y lejos de las comunicaciones de donde debería.  

Uno de los objetivos de ese vuelo era que el piloto se abstuviera de consumir combustible para maniobrar la cápsula a menos que se viera en la necesidad de hacerlo. La tarea quedó en manos del comandante Walter Schirra, a bordo del Sigma 7, el 3 de octubre de 1962, para un vuelo proyectado de seis órbitas y el primer amaraje en el mar Pacífico.

El programa Mercury finalizó el 15 de mayo de 1963 cuando el mayor Leroy Cooper ocupó la cápsula Fe 7. Regresó a la Tierra 34 horas y 20 minutos después del despegue.





Fuente:

Life in Space, ECI, 1984.


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