domingo, 22 de mayo de 2022

Los animales y la mitología

 


En los mitos, los animales toman dimensiones cósmicas; aves que simbolizan el mundo superior de los espíritus o serpientes gigantes que simbolizan el cosmos o la energía caótica del mundo de los muertos.

En Norteamérica, el enorme Pájaro Mítico, que produce el trueno y el rayo, libra una constante batalla con las serpientes o dragones que habitan en las aguas.

Una idea similar se halla en Sudáfrica, donde el Pájaro del Relámpago rige el firmamento y la serpiente cósmica gobierna el infierno acuoso. La tortuga que carga el cielo o la tierra sobre su caparazón, es un símbolo que con frecuencia se encuentra en Norteamérica.

En diversos mitos los animales se consideran precursores o creadores de la humanidad. Un mito egipcio describe como empezó a existir la humanidad por el graznido de una garza que era la manifestación del dios del sol.

Los pueblos bosquimanos del sudoeste de África, el primer ser viviente sobre la tierra fue la mantis religiosa, que engendró a las primeras razas, incluyendo a los humanos.

Los mitos también afirman que existe un parentesco entre los humanos y los animales. En Centroamérica se dice que cada persona posee una coexistencia física y espiritual con un animal que es su doble, como en algunas partes del occidente de África.

Mitos amerindios refieren a tiempos antiguos cuando la gente y las bestias eran indistinguibles y podían asumir una u otra forma.

Los indígenas americanos y los esquimales creen que ningún animal se asemeja tanto a los humanos como el oso, que con frecuencia es un humano cubierto por el abrigo de piel de oso.

En Europa, el oso era un símbolo de la oscuridad. El oso se oculta en las cuevas para dormir en el invierno. En la mitología griega, Artemis, diosa de la luna y la caza, es acompañada por un oso. En Alaska, el oso se asimila a la luna por sus acciones cíclicas, desaparece con el invierno y reaparece en primavera. Los iroqueses identificaban al oso con la noche y la oscuridad y a la ardilla la defensora o representante de la luz, que ambos se repartieron el día y la noche por tiempos iguales.  

La metamorfosis se presenta en la mayoría de las culturas. La figura del hombre lobo presente en la mitología de muchos pueblos de Europa tiene paralelos con las tradiciones africanas, en las que algunos hombres y mujeres tienen el poder de transformarse en animales rapases como leones y hienas. En Centro y Sudamérica las leyendas hablan que los chamanes tienen el poder de transformarse en jaguares.

En la mitología el consorte animal igual es común. Un mito en el sur de África menciona a dios pitón que contrae nupcias con una mujer y que a veces la lleva a su morada en el mundo acuoso de los muertos. En Escocia es común los relatos de focas que adoptan la forma femenina para casarse con los hombres.

El león, como rey de las bestias, es símbolo de autoridad. En los mitos, este animal se relaciona con la divinidad como imagen de poder supremo y no necesariamente benigno, por ejemplo, la diosa egipcia de cabeza de león, Sekhmet, era una deidad aterradora que una vez envió al dios sol para destruir a una raza de rebeldes humanos. Se creía que los diferentes tipos de enfermedades infecciosas eran sus mensajeros, por esa razón sus sacerdotes eran médicos.

El dios Visnú encarnó como Narasimha, una criatura humana y mitad león para destruir al demonio Hiranyakashipu que no podían matar ni hombres ni dioses. El león es la montura de la diosa Parvati, la esposa de Shiva, y representa un aspecto atemorizador.

El león también brilla como símbolo de invencibilidad, como el mito de Heracles y el león de Medea.

Pero igualmente no siempre logra lo que desea, por ejemplo, en los mitos de África, donde el león se venera por su condición real, a menudo criaturas más pequeñas y más ingeniosas, como la liebre, se burlan del león.

En muchas mitologías la liebre es un ser bromista, que representa a héroes o a la fertilidad. Como animal juguetón, en los mitos se presentan como astutos bromistas que se burlan de las criaturas grandes pero no veloces.

Las estrategias del bromista embaucador consisten en estafar, como el cuento japonés del conejo blanco que embaucó a una familia de cocodrilos para que le hicieran un puente y pudiera pasar de una isla a tierra firme. Cuando se acercó al último cocodrilo que estaba formado, con júbilo se jactó de su astuta broma, por lo que el furioso animal lo atrapó y lo desolló vivo.

A la liebre se les relaciona con la fertilidad, la lujuria y la vitalidad y con la luna, símbolo de fecundidad femenina.

La diosa de la fertilidad germánica conocida como Eostra (Easter-Pascua) tenía en la luna una liebre que ponía huevos, símbolos de renovación de vida, en el festival de primavera.

Los aspectos sexuales y bromistas del conejo se conjuntan en las deidades mexicas conocidas como los Centzon Totochtin o Cuatrocientos Conejos que son los cuatrocientos dioses menores del pulque y de la embriaguez.   

La serpiente es el animal más común en la mitología. Los dioses creadores son siempre, en su manifestación primera, serpientes cósmicas o tienen a la serpiente como atributo.

A las serpientes se les considera símbolos de fertilidad y fecundidad. Se decía que las serpientes o los dragones fueron quienes tiraban de la carroza de la diosa griega de la fertilidad, Deméter.

La diosa mexica de la tierra y la muerte Coatlicue tiene dos cabezas de serpiente, que representaba la vida, la muerte y el renacimiento.

En la tradición irlandesa, el primero de febrero, fiesta de la diosa Brígida, las serpientes salen de sus madrigueras para anunciar la llegada de la primavera.

La forma de la serpiente se relaciona con el miembro sexual masculino y con el poder fecundador del hombre. La frecuente combinación fálicas y diosas de la tierra representa un acto simbólico de relación íntima que garantiza la renovación de la tierra y la continuidad de la naturaleza y la vida.

La serpiente en sí demuestra esta renovación de forma adecuada al deshacerse de su vieja piel, es el principio generador de todo lo que existe, vinculada con los orígenes de la vida, y encarna el ciclo continuo del nacimiento, muerte y renacimiento. Es la idea de la renovación de la vida en primavera y sus rituales. Porque el ciclo de la naturaleza no se detiene.

En la mitología también es un ser ambivalente, aunque se le relaciona con la naturaleza con frecuencia es venenosa. Habita debajo de la tierra o en las profundidades de los océanos y por tradición se le adjudica la fuente de fuerzas malignas.

En la mitología hindú, las serpientes o cobras, nagas, aparencen como adversarias de la humanidad. En Egipto, la serpiente que habita el desierto era símbolo de esterilidad y sequía, se le asociaba con el dios del desorden, Set.

El mejor ejemplo que se conoce es la representación bíblica del Edén, en la que la serpiente es un emisario del mal.

En diversas culturas, la serpiente cósmica rodea al mundo para separar las fuerzas del caos o representando esas fuerzas, como la Serpiente del Mundo de la mitología escandinava que vive en el mar alrededor de Midgard, la tierra.

El sol, como un corredor celeste, se le concibió como un caballo. Entre los eslavos, el caballo es un símbolo solar, atribuido a la divinidad superior. En la mitología griega, los caballos de Hades tiran de su carro hacia el abismo del mundo subterráneo. La simbología del sol surgiendo de los abismos de la tierra y regresando a ella al anochecer es una representación común en las mitologías. En los Vedas el caballo simboliza al sol naciente.

En Dinamarca, en la Edad Media, los paganos realizaban la fiesta del Caballo; se escurría la sangre de un caballo hacía el sur y el este, lo que representaba al caballo como una reencarnación del espíritu del año solar.

En varias culturas de Asia y América al ciervo lo representan como la renovación de la luz solar, a causa del brote anual de sus cuernos. En la antigua Galia se organizaban rituales de cacería del ciervo cuando finalizaba el invierno y la naturaleza renacía.

En culturas de América el ciervo simboliza los comienzos de la vida. Los indígenas de Florida en su celebración del sol, durante la primavera, erigían un poste en cuyo extremo izaban la piel de un ciervo y danzaban a su alrededor y se recitaban plegarias para obtener una estación de abundancia.

El toro, representado en diversas mitologías, simboliza las fases de la luna con sus cuernos; las diosas lunares de Oriente se expresan mediante la imagen del toro; el dios lunar de Ur era mencionado como un novillo poderoso del cielo; Osiris, era la diosa de luna de Egipto, presentada como un toro.

 

 

 

 

 

 

Fuentes:

Lacalle, R., Los símbolos de la prehistoria, Almuzara, 2011.

Willis, R., Diccionario Universal de Mitología, Ed. Tomo, 2003.

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