Cuando se definió el
concepto de igualdad en Europa, si somos precisos, en la época de la Ilustración
y la revolución Francesa, se combatía contra un tipo de
discriminación, una discriminación que se hallaba entre la nobleza y el pueblo, a través de la Declaración de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano, en 1789.
Pero además en
1791 se escribió la Declaración de los
Derechos de la Mujer y la Ciudadanía por Olympe de Gouge, que exigía para
las mujeres los derechos de libertad e igualdad, y, Mary Wollstonecraft, en
1792, con sus Vindicaciones de los Derechos
de las Mujeres que pugnaba, entre otros aspectos, una educación igualitaria
para mujeres y hombres. Estas mujeres luchaban contra la discriminación hacía
lo femenino.
Existen diversas
maneras en que la discriminación se manifiesta. El racismo se ha cimentado en
las diferencias sociales y económicas, y estas diferencias justifican los
caracteres de superioridad e
inferioridad de un grupo frente a otro. El racismo se aprende desde el entorno social
y se activa cuando se interactúa con individuos que tienen rasgos distintos al
del otro, especialmente cuando hay una circunstancia o conflicto.
Aquí partimos del término bárbaro que tiene su historia; desde los antiguos griegos
hasta la época de los europeos del siglo XV, cuando éstos emprendieron las
exploraciones y conquistas de ultramar.
Los españoles comparaban
con sus parámetros europeos a los “indios”
de América, en la vestimenta, en la religión, en la lengua, en la economía, y
eran determinados como bárbaros e ignorantes
por los europeos dominantes.
El supuesto de
los antiguos griegos de que el ambiente natural influye en las características
de los seres vivos y cuyas ideas se pusieron de moda en la Edad Media, derivó a
que los europeos distinguieran a los extranjeros de tierras exóticas, calurosas
y húmedas como hombres salvajes. Es así como
en la Edad Media se comenzó a tratar la diversidad humana dependiendo en la
región donde se encontraba el hombre.
Incluso en el
tiempo de las colonias españolas se advertía ridículamente que los españoles
nacidos en esas tierras, tendrían paulatinamente una
piel más oscura, sufrirían una degeneración en cuerpo y mente y se volverían bárbaros.
En el siglo
XVIII el naturalista francés Leclerc propuso que la diversidad humana fue
originada por una sola especie, que al multiplicarse por toda la tierra los
humanos sufrieron cambios a consecuencia del ambiente natural, por el clima, por
la comida, por la forma de vivir y por la mezcla de los individuos. A partir de
aquella proposición la diversidad del hombre tendría una explicación como
fenómeno natural.
La revolución
Francesa intentó eliminar esa diferencia sobre la diversidad del hombre
superando esa explicación natural. Pero en Europa resaltaría una visión de superioridad frente al resto del mundo, en los momentos en que se llevaron a cabo
las exploraciones y las colonizaciones en África y Asia en el siglo XV.
La idea del
progreso económico y el desarrollo marcó en Europa más esa diferencia
organizando a los grupos sociales unos encima de otros. Para el siglo XIX tal
idea tendría un sustento con la teoría de la Evolución de Darwin. Comenzando
así un racismo científico y la justificación del colonialismo, de la
supervivencia del más apto en la lucha por la vida.
O bien, que las
razas inferiores debieran someterse a las razas superiores para alcanzar el
progreso, tal como se afirmaba en las colonias españolas en relación al sometimiento de los indios.
Los prejuicios
que surgieron de aquellas diferencias culturales y económicas entre las
sociedades y las suposiciones científicas alimentaron entonces el racismo en las
sociedades europeas.
En el siglo
XVIII, el botánico Linneo no solamente clasificó la flora y fauna en una
nomenclatura sino también a la humanidad, distinguiendo entre sí a los
europeos, americanos, africanos, asiáticos; poniendo en primer lugar el color
de piel y los rasgos de actitud y emocionales. Linneo dijo:
Del europeo… “es
blanco, musculoso, de cabello rubio; es inventivo y se gobierna por leyes”. Del
americano… “es de color pardo, colérico, de cabello negro recto y grueso, pinta
su cuerpo con líneas rojas, es necio y se gobierno por usos”. Del africano… “es
negro, flemático, de cabello crespo, es tramposo, perezoso, negligente y se
gobierna por la voluntad arbitraria de su amo”.
Y el anatomista alemán
Blumenbach estableció el término caucásico
para designar a los europeos como “la raza más bella” y diferenciándolos de
sus rasgos físicos de los africanos, americanos y asiáticos. Estableciendo el
color de la piel blanca como el color original y de la cual se “degeneraron” las demás.
En el siglo XIX
el médico y antropólogo francés, Paul Broca, estableció la primera tabla
cromática para fijar el color de piel, cabello y ojos como un instructivo para
los europeos que se encontraban en los países lejanos y poder determinar la variabilidad
del color de la piel blanca.
Broca's colour chart, appendix to Paul Broca, Instructions générales pour les recherches anthropologiques à faire sur le vivant (Paris, 1865).
Broca procedió a
diferenciar los rasgos del rostro y la cabeza y el color de la piel de los
europeos de las pieles más oscuras estableciendo entre ello un "inferioridad
intelectual y social", encumbrando a la piel blanca una característica de los
pueblos más “elevados”. Estos rasgos, definiría Broca, es lo que determina la
raza. El término de raza por eso fue sellado entre los siglos XIX y XX separando
a los grupos por blancos, amarillos, negros y cobrizos.
El criminólogo
italiano Cesare Lombroso se basó en los esquemas evolutivos de la raza para
explicar el comportamiento criminal de los humanos. Planteaba que los
delincuentes europeos nacían criminales pues en ellos surgían rasgos de
animales de épocas pasadas, y a las razas “inferiores” las consideraba en el
mismo estatus evolutivo de los ancestros salvajes de los blancos.
En el siglo XX
aparecieron ideas que promovían el “mejoramiento” de razas con base a la selección
de rasgos, como la eugenesia, que tuvo fuerte impulso en Estados Unidos, y que
en los años treinta se intentó en México ponerla en práctica mediante la expansión de grupos que no
tuvieran sangre mestiza, indígena, china o negra, y, Alemania que diseñó
leyes basadas en la eugenesia durante el régimen nazi.
Entre los años
sesenta y setenta del siglo XX es el periodo en que más se manifiesta el
racismo y es el periodo en que se establecen declaraciones contra ello: la Organización
de las Naciones Unidas contra a los escenarios racistas y violentos y el apartheid en Sudáfrica; y, por otro lado,
acuerdos locales importantes como la Ley de Derechos Civiles en Estados Unidos,
instaurada antes del asesinato del predicador y ganador del Premio Nobel de la
Paz, Martín Luther King, Jr., quien con sus movilizaciones logró aquel avance
legal.
Hoy en día como establece la Organización de las Naciones Unidas, la discriminación racial es en la
actualidad una cuestión de derechos humanos, por el que cada nación podría poner en
marcha políticas de protección y representación de grupos y comunidades que son
víctimas constantes de la discriminación racial.
Fuente: Carrillo, Cesar,
el racismo en México, Santa Lucía,
2016.